domingo, noviembre 12, 2017

Alberto Roteta Dorado: El socialismo, su total derrota no significa el fin de su existencia



El socialismo, su total derrota no significa el fin de su existencia.


Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.
12 de noviembre de 2017

Naples. Estados Unidos.-  Decir que se extinguió definitivamente su llama resulta tan utópico como la propia idea de concretar con éxito su consumación como acto. Está latente, y de manera solapada sus defensores, cual espectrales sombras que se resisten a aceptar sus reveses, intentan hacer de las suyas. Revivirlo es su meta. Tal vez el dogmatismo y los severos efectos de un adoctrinamiento progresivo durante sus vidas los hacen seguir viendo esta modalidad política como su ideal. 
Es un hecho innegable que todos los mortales experimentamos temor cuando sabemos del fin de nuestra existencia, y al parecer esto es aplicable a instituciones, congregaciones, sistemas, gobiernos, y hasta planetas y sistemas solares, los que según ciertas enseñanzas filosóficas ancestrales, se preparan – como si supieran de su fin cercano– enviando la esencia de sus principios a centros virtuales de fuerza que se convertirán en futuros centros planetarios de evolución, con lo que finalmente no desaparecen; sino que solo cambian de morada.
 
Aquel monstruoso engendro que fuera establecido por primera vez – al menos en un grupo de naciones reagrupadas y obligadas por capricho– hace justamente un siglo en la Rusia de los primeros años del pasado siglo XX ha sobrevivido; aunque la esencia de su existencia como modelo social definitivamente ha desaparecido. 

El Socialismo y el Comunismo, este último considerado la fase superior del primero, de acuerdo a las enseñanzas más ortodoxas del marxismo adoptado por los soviets en la ya antigua y desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, marcaron no solo la política, el contexto social y el entorno económico de un grupo de naciones a las que más tarde se les impuso este régimen como modelo a seguir, sino la vida de multitudes que vieron inicialmente una esperanza arrolladora que asumieron con ímpetu, y que luego se les desvaneció en el misterio, sin que muchos logren interiorizar el móvil esencial de su desaparición. 

El asesinato de la familia Románov aquel 17 de julio de 1918, que no solo incluyó al Zar de Rusia Nicolás II, la zarina Alejandra y sus cinco hijos; sino cuatro sirvientes, incluido el médico, constituye un hecho real, y a la vez simbólico, por cuanto, nos anticipaba de una manera cruel lo que sería el comunismo que adoptaban Lenin y Stalin para millones de seres que luego vivirían los más tormentosos días de su existencia. 

Ya todos han hecho referencia a los miles de crímenes cometidos por aquellos iniciadores oficiales del régimen comunista en la URSS, a la represión marcada durante los años de la etapa comunista, al fracaso de su economía, o al peligro ante la amenaza de una hecatombe nuclear, por lo que retomar estos puntos y volver a insistir sería “llover sobre mojado”; aunque ignorarlos puede ser sinónimo de complicidad con un régimen que sigue siendo una amenaza para la historia de la humanidad, por lo que, al menos son mencionados.  

Su total extinción como modelo económico y sistema político de la antigua URSS y Europa Oriental, no significa que esté desaparecido por completo en estos lugares. La existencia de partidos comunistas y otros que, sin ser denominados de esta forma abrazan la idea socialista, constituye una prueba de la presencia de un peligroso flagelo que puede intentar acechar a aquellas naciones más vulnerables, entre las que ocupan una posición privilegiada las de mayor pobreza y las de menor instrucción y cultura, cuyos pobladores pueden ser manipulados y adoctrinados con cierta facilidad y con múltiples promesas de cambios radicales en su vidas, la principal estrategia de los socialistas.    
Los países de América Latina a donde llegara el comunismo bajo la apariencia de Socialismo del siglo XXI han sido los escogidos para un nuevo intento de este tipo. Como si las naciones de Europa Oriental cedieran su esencia a las de Latinoamérica – por aquello de que los planetas ofrecen sus principios a centros laya o virtuales de fuerza cuando saben de su cercano fin– se fue conformando una red de países cuyos gobernantes simpatizaron con la tendencia socialista a pesar de la conocida derrota de sus donantes europeos; aunque en realidad la influencia no vino de estos remotos lugares, sino de Cuba, la pequeña nación caribeña a la que se le impuso este sistema a partir de la toma del poder por el dictador Fidel Castro en 1959, y la declaración de su carácter socialista en 1961.   

La marcada excentricidad – llevada a grado superlativo al entonar cantos en público o invocar la intervención del Arcángel Miguel– del desaparecido Hugo Chávez fue determinante para la propagación del gran mal por algunas naciones. Bajo su influencia varios gobiernos de Latinoamérica se hicieron receptivos a las aparentes nuevas propuestas: Ecuador con Rafael Correa, Argentina con Cristina Fernández de Kirchner, Nicaragua con Daniel Ortega, Bolivia con Evo Morales, Brasil con Lula da Silva y Chile con Mishell Bachelet. Cada cual con sus peculiaridades, en los casos de Chile, Brasil y Argentina no hubo exceso de control en el aparato gubernamental, si se les compara con Venezuela y Ecuador, donde ha existido una total  radicalización de las leyes que han llevado  a la creación de estados totalitaristas, a partir del concepto de participación ciudadana, “envueltos en una revolución no surgida desde abajo, sino desde una idealización del líder político, frecuentemente convertido en slogan partidista”.

Del mismo modo, y siguiendo los pasos de la URSS y Europa Oriental, el socialismo se fue desmoronando en América Latina. Hoy solo quedan naciones como Nicaragua y Bolivia, (cada cual a su forma y sin ser esencialmente socialistas a pesar de las posiciones de sus presidentes) y de manera especial Cuba – cuya dictadura se ha sostenido en el poder por más de medio siglo en total impunidad, aunque desprestigiada ante el mundo– y Venezuela, cuyo tormentoso presente la hace cada vez más vulnerable para la desaparición de un modelo socialista a su forma.  

Así las cosas, el terrible enemigo aun está presente, sin fuerzas, desacreditado ante el mundo, inmerso en un terrible caos; pero está y desde las profundidades abismales sus defensores  – que por desgracia no son pocos– pretenden resucitarlo, aun conociendo del fracaso de todo posible intento para el establecimiento de comunidades socialistas en el mundo. 

En estos tiempos estar alertas ante el posible progreso del gran mal que con su cruel poderío ha contribuido al exterminio masivo de grandes sectores poblacionales constituye un gran reto. 
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 Entierro de Uritski, Petrogrado, 1918. La pancarta dice: "Muerte a los burgueses y sus adláteres. ¡Viva el Terror Rojo!".


 El Terror Rojo

"Los rusos son demasiado amables, carecen de la habilidad de aplicar determinados métodos de terror revolucionario".
V. I. Lenin
("Lenin: Vida y Legado". Dmitri Volkogonov. [HarperCollins, 1994], pág. 203)

"La burguesía hoy es una clase en caída... Estamos forzados a arrancarla, a cortarla. El Terror Rojo es una arma utilizada contra una clase, condenada a la destrucción, que no desea perecer... El Terror Rojo acelera la destrucción de la burguesía".
León Trotsky
("Terrorismo y Comunismo: Una respuesta a Karl Kautsky". [New Park Publications, 1975], pág. 83)

"...lleven a cabo un terror masivo sin piedad contra kulaks, sacerdotes y Guardias Blancos; los elementos poco confiables deben ser encerrados en un campo de concentración fuera de la ciudad".
V. I. Lenin
("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág. 103)

"Estamos haciendo lo que hizo Lenin. No pueden construir el socialismo sin el Terror Rojo".
Asrat Destu. Comisario político del Ejército Etíope.
("El archivo Mitrokhin II: La KGB y el Mundo". Christopher Andrew y Vasili Mitrokhin. [Penguin, 2006], págs. 467-8)

"La dictadura es un gobierno basado directamente en la fuerza y sin restricciones de ninguna ley. La dictadura revolucionaria del proletariado es un gobierno ganado y mantenido por el uso de la violencia por el proletariado contra la burguesía, gobierno que no tiene restricciones de ninguna ley".
V. I. Lenin
("La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky". [Foreign Languages Press, 1972], pág. 11)

"Seguramente ustedes no imaginan que obtendremos la victoria sin aplicar el más cruel terror revolucionario".
V. I. Lenin
("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág. 57)

"No podemos esperar llegar a ningún lado a menos que recurramos al terrorismo: los especuladores deben ser fusilados en el acto. Es más, los bandidos deben ser tratados con la misma firmeza: deben ser fusilados en el acto".
V. I. Lenin
(“Reunión del Presídium del Soviet de Petrogrado con delegados de Organizaciones de Suministro Alimenticio”. Obras completas, Vol. 26, pág. 501)

"El Terror Rojo es el exterminio de enemigos de la revolución en base a su afiliación de clase o a su papel pre-revolucionario".
Feliks Dzerzhinsky
("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág. 114)

"Ni un sólo problema de lucha de clases jamás ha sido resuelto en la historia excepto por la violencia... La lucha de clases no asumió esta forma accidentalmente. Es la forma en que las clases explotadas toman todos los medios de poder en sus propias manos para destruir completamente a sus enemigos de clase, la burguesía...".
V. I. Lenin
(“Informe sobre las actividades del Consejo de Comisarios Populares”. Obras completas, Vol. 26, págs. 459-61)

"En no más de un mes de tiempo el terror asumirá formas muy violentas, tras el ejemplo de la gran Revolución Francesa; la guillotina... estará lista para nuestros enemigos... esa notable invención de la Revolución Francesa que acorta al hombre por una cabeza".
León Trotsky
("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág.  54)

"El uso de rifles, revólveres, bombas, cuchillos, manoplas, garrotes, trapos empapados en kerosene para iniciar incendios... alambres de púas, clavos (contra la caballería)... o ácidos para arrojar sobre la policía... El asesinato de espías, policías, gendarmes, volar estaciones policiales... debe comenzar en cualquier momento".
V. I. Lenin
(“Tareas de los contingentes del Ejército Revolucionario”. Obras completas, Vol. 9, pág. 420)

"Nosotros no tenemos compasión y no pedimos compasión de ustedes. Cuando llegue nuestro turno, no pondremos excusas para el terror".
Karl Marx
(“Supresión del Neue Rheinische Zeitung”. Neue Rheinische Zeitung, 19 de mayo, 1849
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Tampoco olvidemos que el Partido Nazi es de origen marxista o comunista (recordemos que Marx y Engels escribieron el Manifiesto Comunista en 1848)  y que  esa es la razón por la que su nombre  oficial fue  Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.


Alegatos anticapitalistas de los líderes nazis para comprobar el germen puramente socialista del totalitarismo hitleriano:

    Adolf Hitler: La lucha más fuerte no debía hacerse contra los pueblos enemigos, sino contra el capital internacional. La lucha contra el capital financiero internacional era el punto programático más importante en la lucha de la Nación alemana para su independencia económica y su libertad (...)

    En la medida en que la economía se adueñó del Estado, el dinero se convirtió en el Dios que todos tenían que adorar de rodillas (...) La Bolsa empezó a triunfar y se dispuso lenta pero seguramente a someter a su control la vida de la nación (...) El capital debe permanecer al servicio del Estado y no tratar de convertirse en el amo de la nación.

    Tampoco después de la guerra podremos renunciar a la dirección estatal de la economía, pues de otro modo todo grupo privado pensaría exclusivamente en la satisfacción de sus propias aspiraciones. Puesto que incluso en la gran masa del pueblo todo individuo obedece a objetivos egoístas, una actividad ordenada y sistemática de la economía nacional no es posible sin la dirección del Estado.

    Yo no soy sólo el vencedor del marxismo, sino también su realizador. O sea, de aquella parte de él que es esencial y está justificada, despojada del dogma hebraico-talmúdico. El nacionalsocialismo es lo que el marxismo habría podido ser si hubiera conseguido romper sus lazos absurdos y superficiales con un orden democrático
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    Joseph Goebbels: Nosotros somos socialistas (...) somos enemigos, enemigos mortales del actual sistema económico capitalista con su explotación de quien es económicamente débil, con su injusticia en la redistribución, con su desigualdad en los sueldos (...) Nosotros estamos decididos a destruir este sistema a toda costa (...) El Estado burgués ha llegado a su fin. Debemos formar una nueva Alemania (...) El futuro es la dictadura de la idea socialista del Estado (...) Ser socialista significa someter el Yo al Tú; socialismo significa sacrificar la personalidad individual al Todo.

    S. H. Sesselman (líder el partido nazi en Múnich): Nosotros somos completamente de izquierda y nuestras exigencias son más radicales que las de los bolcheviques.

    Gregor Strasser (presidente del partido nazi entre 1923 y 1925, mientras Hitler estuvo encarcelado): Nosotros, jóvenes alemanes de la guerra, nosotros, revolucionarios nacionalsocialistas, desencadenamos la lucha contra el capitalismo.

El programa político nazi incluía la "eliminación de las ganancias" y de la "esclavitud del interés", la "estatalización" de empresas estratégicas y la "expropiación" forzosa, sin indemnización, de la propiedad privada. Y si bien el régimen nazi no nacionalizó todos los medios de producción, puso la economía al servicio de los intereses del Estado, bajo amenaza de duras penas y castigos (expropiación, cárcel, trabajos forzosos y condena a muerte). No en vano, tal y como razonaba la cúpula nazi, "¿qué necesidad tenemos de socializar los bancos y las fábricas? Nosotros socializamos los seres humanos".

Así, no es extrañar que el último canciller de la República de Weimar, el general Kurt von Schleicher, advirtiera de que el programa nacionalsocialista "apenas era distinto del puro comunismo". De hecho, muchos de los que engrosaron las filas de las temidas SS y SA procedían de las filas comunistas, siendo su fin último el bolchevismo.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Bueno, pero ese crucifijo marxista, esa blasfemia a gritos, fue aceptado y "comprendido" por ¨Su Santidad¨; Don Francisco (el argentino, no el bofe chileno), aunque proveniente de un penoso tarado que bien pudiera ser el perfecto letrinamericano. Vamos bien
Realpolitik
 

2 Comments:

At 9:32 p. m., Anonymous Realpolitik said...

Bueno, pero ese crucifijo marxista, esa blasfemia a gritos, fue aceptado y "comprendido" por "Su Santidad" Don Francisco (el argentino, no el bofe chileno), aunque proveniente de un penoso tarado que bien pudiera ser el perfecto letrinamericano. Vamos bien.

 
At 5:58 p. m., Blogger JULIO CESAR TARRAGO HERNANDEZ(I.B.N.S. 10660) said...

Yo aun no sacara a ecuador de la lista de los totalitaristas... Lenin tiene mas escuela Roja q Correa. Este ultimo fue un patan acomplejado y resentido social con un Ego galactico. Lenin fue terrorista, participo en secuestros y asesinatos. No esta inválido por una caida haciendo ciclismo.

Que vaaaaa.... Esperemos desagradables sorpresas de este postrado. Mi viejo me enseñó siempre a esperar lo peor de los comunistas, pues este lo es.
Salud!

 

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